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Hacia el IX ENAPOL

Segunda actividad preparatoria rumbo al IX ENAPOL

ODIO: SUS FORMAS CLINICAS

La práctica en las instituciones.

El pasado viernes 31 de mayo nos encontramos en el Hospital San Martín para dar lugar a una interesante y ágil conversación clínica. En esta oportunidad, desde la perspectiva del argumento planteado para el próximo ENAPOL, la invitación nos convocó a leer la clínica bajo el eje temático del odio.

La actividad se organizó en dos mesas, en cada una de ellas se presentaron tres recortes clínicos de practicantes del psicoanálisis en instituciones, y un comentario por cada presentación. La primera mesa fue coordinada por Alejandra Gorriz y la segunda por Verónica Escudero.

Dando inicio a la primera mesa, Victoria Moreno del Hospital San Martín compartió un caso clínico interrogándose, a través de sus hipótesis de lectura, por las consecuencias que tuvo para su paciente el “ser odiado” por su familia, así como también por el pasaje o mutación a “ser discriminado” por la sociedad. Victoria dio cuenta de cómo en el transcurso del tratamiento el paciente fue encontrando un modo de hacer con ese odio y discriminación del otro, no sin contar con la orientación del analista.

María Adela Pérez Duhalde, en su comentario, leyó ese “ser odiado por el Otro” en este caso, como un modo de armarse un sí mismo, y destacó cómo el tratamiento funciona de sostén, modalizando entre el odio y el desecho.

Camila Lopez Bertella del Hospital San Martín recortó como dificultad en una paciente su “incapacidad para relacionarse con la gente”, a causa del odio intenso que le provoca ver la maldad en los ojos de las personas. Camila dio cuenta de los diferentes tratamientos que fue encontrando la paciente para procesar ese odio: el uso del maquillaje, la escritura y el sarcasmo. Localizar sus malos pensamientos y su “estar agarrada a lo malo” le permitió a su vez abrir la pregunta por el amor.

Paula Lagunas, en su comentario, despejó la lógica en juego en cada uno de los arreglos que encontró la paciente, y destacó cómo en el vínculo transferencial y gracias a la docilidad del analista, la paciente pudo ir circunscribiendo la cara constitutiva del odio.

Por su parte Paula Carasatorre, del Centro de Salud N° 32 trajo la presentación de una adolescente que dice sentirse enojada y triste. Ubicó como respuesta del sujeto la indiferencia hacia el otro: encerrarse y dejar la escuela. La escucha de lo singular implicó, en este caso, apartarse de las normas institucionales haciendo una excepción para alojarla.

Stella Lopez localizó cómo el Otro aparecía como lo imposible de soportar para esta paciente, quien ante el bullying responde con el aislamiento. Destacó la coyuntura en la cual la paciente empezó sentir que todos la miraban con malos ojos. Y subrayó cómo Paula, habilitando la vía del canto, no había elegido el tratamiento significante del odio sino la vía de un saber hacer que le permitiera odiarse menos.

En la conversación se pusieron de relieve las intervenciones de los practicantes acerca de la posibilidad de transformar el odio, teniendo en cuenta la singularidad de cada paciente

En la segunda mesa, María del Pedro, del Organismo de niñez y adolescencia, reflexionó se interrogó desde su lugar de supervisora por la posición de tres jóvenes responsables de actos de destrozos en la institución de la que son beneficiarios.

Gabriel Tanevitch leyó “el romper todo” que María planteó en su trabajo, diferenciando el odio de la violencia. Retomando a Miller en su conferencia “Niños violentos”, localizó al odio del lado de Eros, como un lazo al otro muy fuerte, y a la violencia como pura satisfacción de la pulsión de muerte y desgarradura en la trama simbólica.

Por su parte Yasmina Romano, del CPA de La Plata, compartió en su texto “Odioenamoramiento bajo transferencia” el recorrido realizado con una paciente de 13 años, quien fuera traída por su padre tras un episodio de violencia con una compañera de colegio, bajo los efectos del alcohol.

Cristian Ríos situó la dimensión que va del sujeto al Otro para localizar el fenómeno del odio, la función de los tóxicos y las coordenadas de los pasajes al acto. Destacó que las intervenciones de Yasmina produjeron la apertura de la transferencia imaginaria, el surgimiento del amor y su reverso, expresado en el “no sacarle los ojos de encima”. Asimismo puso de relieve que el poder nombrar ese goce que la perturbaba fue una forma de recortar ese objeto de su cuerpo, lo que le permitió ir separándose de él.

Por último, Maria Soledad Llobet del Hospital de Niños compartió el caso de un paciente de 12 años traído por sus padres por su agresividad, desobediencia y fuga del hogar. Soledad dió cuenta de la ambivalencia presente en la transferencia y de sus maniobras, las cuales fueron habilitando una pacificación del lazo, tanto en el vínculo con ella como con su madre.

Nicolás Gutiérrez, en su comentario “Civilizar al odio”, se preguntó si los enojos del paciente podían pensarse como formas clínicas del odio, y cómo diferenciarlos de la violencia.

En la conversación final nuevamente se puso el acento en las intervenciones de cada practicante, resaltando esta vez la modalidad de la transferencia en cada caso, y el manejo de la misma.

De este modo transcurrió la segunda actividad preparatoria organizada por la EOL Sección La Plata en miras al próximo ENAPOL, resultando la clínica y su enseñanza lo que en esta oportunidad nos reunió en una valiosa conversación.

Reseña realizada por Soledad Salvaré